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martes, 13 de septiembre de 2011




" EL DIARIO DE SOLEDAD " (Anoche sentí la mano negra que venía a inmolarme)

Anoche sentí la mano negra que venía a inmolarme.
Sentí la muerte. Estaba junto a mí... en mi lado izquierdo.
Percibí como se sentiría la muerte (como lo que estaba
sintiendo en aquel momento). Viví cómo se sepultaban
mis aniquilados restos. Me sentí como un despojo de la
vida triste y sin sentido que he llevado. Me sentí arrepentida
de lo que había sido...

Vi aquellos gusanos que venían a mi sigilosos y a la vez voraces,
a desaparecer los espacios vacíos de mi existencia. Les pedía que se fueran, que me perdonaran... me daban asco, me asfixiaban.

Yo lloraba, suplicaba...y ellos solo me contestaban que lo hacían
para que no viviera mis últimos días hostigada por los remordimientos y los recuerdos...

Aún estaba despierta, estoy segura. No fue un sueño. Vi la sombra 
de la muerte, aunque en esos instantes mi mente vagaba en un mar 
de delirios. Cerré los ojos para acudir a la razón, para tratar de ahuyentar los miedos, y descubrí que le temo a los espacios abiertos, siento miedo a los espacios cerrados, y tengo desasosiego en la oscuridad...y entonces ¿cuál es mi salida...?

En mi desesperación descubrí que no se rezar, solo hablo con el, con mi amigo que está allá arriba. El me escuchaba.
Se acercó a mi y sentí unas ganas incontenibles de abandonar mi cuerpo, pero los tentáculos del miedo paralizaron mi raciocinio. Yo seguía sumida en la mas completa oscuridad y el miedo a esta, hizo que de mi emergiera un sudor frío que inundó mi cuerpo para ese momento inerme y absorto.

Creo que eran mis recuerdos que brotaban como una fontana de agua fría, para obrar en mi el regreso a la existencia. 
De nuevo mi locura irracional. Amanece. Vuelvo a la realidad. La persona a la que rezo aun sigue ahí. Me implora que trate de recordar el verdor de las primeras horas del día, cubierto por un manto fino de nieve. Me recuerda que aun mi vida tiene alguna importancia, me alienta a recorrer a saltos los caminos por los que he transitado a lo largo de los años. Me implora que cierre los ojos y perciba el canto de las aves, que ellas me indicarán el camino a perseguir, buscando quizás un ámbito mas hostil, pero que vale la pena si al fin logro llegar y encontrar lo que quiero.

Pero..,¿qué quiero?, ¿quizás encontrar una oleada de sentimientos que contraste con mis delirios errabundos?. 

¡Anoche... si, anoche sentí la mano negra que venía a inmolarme..!.

C.R.N.(2010)
Derechos Reservados




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