Loading...

jueves, 4 de abril de 2013

CRISÁLIDA


                                                                                     


                                                 
                                                                  


De nuevo te miro a través de la ventana
bajo las sombras, permaneces al acecho de la noche
ofrendando al sol que amanece
mientras sonríes y esculpes y se expande
el aroma agreste de los bosques

Te miro en la hora celada
de la madrugada y  los sueños trenzados
donde la ocarina conspira los vientos que emigran
y las piedras musgosas se lavan y acuestan las calles
santificando los silencios

Te pregunto dónde estabas antes de que llegaran las sombras
y si en algún norte te encuentras frágil y cansada
o sientes el frío del inclemente invierno
te pregunto una y otra vez
si hueles las rosas en primavera cuando las mueve la brisa
o si puedes explicarme porque no hay dos besos iguales
y los suspiros no son bisiestos

Solitaria, te acompaño
y advierto los reflejos que emergen de los manantiales
a través de los cristales donde tú y yo hemos implorado alguna tarde
abrigando los latidos de nuestras siestas
y un espejo mágico copia tu rostro y arde a sus destellos
entonces conversamos, como el sol lo hace con el ocaso
o las estaciones a su estío
conversamos de las letras del abecedario
y de aquella primavera cuando resplandecía tu rostro encelado
y disputabas tu pelo de siete colores al viento

Y me miras...
me miras y te duelen las heridas de mis manos
en la penumbra buscas algo tan absoluto como una caricia eterna
forjada de una locura inmensa  de una noche inmensa
mientras me escondo bajo el viento enlutado de luceros y escarchas
en ese momento callas y me observas en tu distancia
pensando quizá, que se nos ha hecho tarde
para bordar la noche beso a beso
entretanto los pájaros huyen rozando la seda de tus medias
que huelen a los siglos que te alejan

Pero no es tarde, tu luz sigue en mi ventana de soslayo
y te he disfrutado viendo como las estrellas rodeaban tu talle
y acariciaban hasta hacer daño a tus manos templadas
sintiéndome tan pequeña y tan frágil como un lucero al alba

Y te sigo observando a través de la ventana
esperando que amanezca y cese el viento
para refugiarme en tus alcobas y ser la rima que desnude tu verso
bajo el cortejo de mis dedos,
dime, ¿cómo expatrio mi ser a tus horizontes?
¿cómo me acerco a tu cuerpo constelado?
¡luna!...¡mi luna!

¡Quiero ser una crisálida!

C.R.N.(2013)
Derechos Reservados
ESPAÑA