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jueves, 12 de enero de 2012

"MACHO Y HEMBRA"

Me acerco a él y percibo el pánico en sus ojos. El percibe los míos.
Le regalo la cortesía de un beso, un pulso desenfrenado y un reloj
sin horas. Me poso a su espalda, lo abrazo. Mi cuerpo tiembla como
un delito no prescrito. Le ofrezco un techo inclinado, unos escalones
desgastados, una manta húmeda con olor a naftalina. El acepta.
Olvidamos miedos. Perdemos cordura. Es la primera noche. Deseo
amarlo ¡y que me ame hasta el alba!.

El respira mis fragancias, en represalia, me convierto en hotel humano
y lo convierto en huésped vitalicio de mi cuerpo. Lo invito a que pernocte
en mi piel, por el resto de los días. Lo invito, a saciar su sed, en mis
aguas mansas. Pierdo mi lucidez y finjo ser virgen de nuevo, y renazco.
Renazco como obsesiva amante furtiva. Perdemos las formas, me acaricia
rabiosamente. Reconozco su tacto y soporta las fatigas. No es villano ni
héroe, solo se transforma en sistemática provocación.

La ropa va dejando rastros por el suelo, una falda, ahora es pie de
lámpara. El sostén negro de encaje que oprimía los senos, vuela por los
aires, las sandalias doradas, dejan a los pies descalzos. Sus manos,
sudorosas, resbalan la ondulación de unas nalgas que a él le parecen
perfectas, las muerde como la tan deseada pulpa de un manjar de fruta
madura. Caemos horizontal. Cuerpos en paralelo. Nos miramos, cómplices,
exaltados. Orienta mis pies. Las contorsiones se generalizan. Se rompe el
sístole y el diástole. Se percibe el calor de los cuerpos. La saliva se hace
eco de una respiración agitada. Los muslos se dispersan de par en par, y
camino sus senderos.

La noche recién comienza. Recorro con mi lengua sus erectas partes. No
queda recoveco ni piel sin recorrer, ni vínculos entre nosotros misteriosos,
ya no existe el creer o no creer. El, acaricia cada milímetro de mi cuerpo,
su enigma agarra vuelo, se convierte en catapulta, sus manos invencibles,
rozan con suavidad el cuello de un útero terrestre y, lo sospecho...lo
sospecho de una forma desvergonzada y ansioso, se hunde en mi. Sin miedo.
Lo saboreo lentamente, como las abejas a los zánganos y segrega las
sustancias, la miel virgen enardecida la saboreo lentamente, gota a gota la
recibo en mi boca, como el néctar de las flores.

Morimos un poco. Apenas comienza la noche. Ambos percibimos la intensidad,
la incesante libertad de nuestros influidos destinos. Su secreto, mi secreto,
quedan al descubierto. Nuestro sexo queda libre. No pensamos en un peligro
menguado, ni en los segundos, no pensamos en nada, nada...y me encuentro.
Más allá de mi misma, me encuentro. Se ausenta la luz, solo percibimos reflejos
de nuestros destellos. La respiración de nuestras rutinas despierta agitados latidos.
Permanecemos largo rato en reposo, cuerpo frotando a cuerpo, piel rozando a
piel. Mirada perdida en mirada. Labios respirando labios. frente, retando a frente.
El tiempo, flotando como nube a la espera.

De nuevo me aproximo. Se acerca. Se aleja. Me dejo. A cada latido, se respiran
nuestros alientos. Nuestros cuerpos cotidianos, nuevamente desean el momento
oportuno. Nos convertimos en máquina de suplicios. En campeones de combates
en lechos ocultos. Deseamos caer de nuevo al precipicio, no hay dolores de caída.
Mi cuerpo se convierte en el despeñadero, donde ansía caer en la profundidad
de sus grietas. bastó la señal de un dedo y una mirada incitante, de ambos para
ambos. Y macho y hembra, en gesto afirmativo, nos convertimos en buitres al
acecho.

Las bocas gimen de nuevo. Un soldado me espera de pie...erguido...parece un
miembro debutante, el adolescente que hace su presentación en sociedad. Yo
quiero ser entonces la sociedad. La sociedad de su consumo, quiero apropiarme
de todos sus bienes. Y mi vientre se disfraza de lunar vaginario. Mi sexo, de escote
de una blusa. Las ingles son imanes para los besos que resbalan a un volcán en
erupción. Y un pequeño ser, un muerto adornado con dagas que acariciaban las
manos...renace, toma fuerzas en una erección prodigiosa. De nuevo entramos en
la guerra de los cuerpos, tras la fusión de nuestros pensamientos. Dejamos de ser
"tu" y "yo", para convertirnos en "nosotros". En un destino común. En una cábala
que se quiebra... inusual...nos envolvemos de un halo místico donde una trilogía
destacada por unos turgentes senos, de nuevo en voraz pelea explotan y ocasionan
nuestra pequeña muerte de amantes morbosos.

El dormitorio permanece de nuevo reposado. Se termina nuestro tiempo, debo
irme con la madrugada. Debo romper este embrujo de amante en exilio para
de nuevo sentir el autismo de su cuerpo. Juntos, abrazados, lo repasamos todo.
Y prometo regresar algún día a cambiar la sabana blanca con el óxido de nuestros
cuerpos, las humedades de nuestras miradas lascivas, las promesas y el libar a
mis senos turgentes. Prometo como encelada amante, rescatar los instantes de
los espasmos y los gemidos de dos cuerpos derramados, el olor a sexo esparcido,
la timidez de mi locura plasmada en el cabecero de la cama. Debo recuperar mis
huellas, las risas crispadas, las cenizas de nuestros volcanes, de nuestros sexos
despoblados, unos labios carnosos acompañados de un fresco aliento que descendían
por un pubis con dueño y que pedía a gritos un amante ausente.

Persisto. Debo irme. El espera mis pisadas para seguirme, mientras, busca dos
copas. Sus manos tiemblan. Nuestro último brindis. Será nuestra última plegaria.
Nos disfrazamos de herida con dardos y mirándonos a los ojos con las copas
alzadas, mendigamos un nuevo encuentro, una fantasía que nos penetre como
brasas, donde no habrá bostezos, ni letargos, donde nunca más vuelva a estirar mi
mano sintiendo el temor de no encontrarlo. Y brindamos como dos adictos a nuestros
cuerpo excitados. Y me resigno. Ya no importa lo que haya sucedido. Nos invade la
tristeza. Juntos lloramos. Buscamos definiciones. Convencidos. Inventamos mentirnos
con ingenuidad. Nos hacemos surcos en los labios. Fingimos. Nos quedamos inmóviles
bajo un tic tac de un tiempo inexorable. Las bocas se juntan, se besan, se susurran.
El no se resigna. Pero clavo los dedos en su espalda. Lo alejo. Queda sin palabras.

Timidamente, poco a poco, voy recogiendo los trazos de ropa dispersos. El se queda
con las medias negras y las minúscula prenda íntima que cubre la zona montañosa.
Es la hora, él lo sabe. Y me lleva. Las manos entrelazadas. Permanecemos en silencio.
No encontramos las palabras aliadas para una despedida. Y huyo de él. Me llevo
grabado el rostro de su mano, la proyección de sus ojos húmedos, la ausencia de un
" te quiero" bañado en nostalgias, el rictus de unos labios sin gesto, su perfume de
erotismo. Y de nuevo me resigno.

Me siento en un sillón ergonómico. Escribo paginas y paginas. No se si regreso o voy,
solo miro por la ventana, recuerdo una habitación donde hace apenas horas abandoné
mi pecado y me veo inmersa en un falso cielo estrellado, sin luna.

Toco tierra y miro hacia arriba. Me doy cuenta que al asomarme al alfeizar de la
ventana, sin saber como, perdí mi sueño.

C.R.N. (2012)
Derechos Reservados
ESPAÑA

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